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15 de junio de 2015

cuando hacías nido.

a los ocho años dormía ya sola y a los veinticuatro aquí me ves, abrazando al cojín como si de madrugada vinieran a robármelo. fue faltarnos y yo qué sé, no concibo el sueño sin ti cuando hacías nido al otro lado de mis huesos. que necesito oírte sofocada bajo mi almohada. y salir a tomarnos un algo por el centro de la ciudad. brindar a tu salud por un motivo que yo me sé. y vuelta a las sábanas arrugadas. encontrarte a media noche si me descuido por mi pasillo y descalza. las plantas de tus pies congelándose sobre las baldosas grises. las calles cuando se cruzan conmigo y me hablan de tu pasado, y las paredes y sus edificios. que los dos salvavidas de mi nueva piscina son tus brazos en el momento en que toco fondo y me ahogo. que me sobran dos mil razones para acojonarme si te pierdo, y desapareces, y ya no estás. y me falta tiempo para correr en tu busca, agarrarte del pelo y decirte que me cago en la puta, yo sí que te echo de menos.

ojalá este viernes más vie(r)nes que nunca.
y así con toda la semana.
y el mes.
y la estación.

7 de mayo de 2015

tu piel, que no es la mía.

que se te desgarren los ojos 
si tú me lees. 
y ahora vete tú a saber quién eres tú. 
que me adivines los amores 
y mis follamigas, 
o alguna que sólo llegó a ser amiga. 
que me intuyas sin conocerme las verdades que, a veces, son derribadas con mentiras 
-si es que me da por contaros toda mi vida-. 
que presientas 
     cuánto me toca el coño si pienso lo que me jodería perderla. 
           que si la voy a echar de menos ahora que me voy; y a mi madre, y a la playa, y a mi ciudad, pero sobre todo a ella. 
que te cabrees si es que me da por no aparecer, que te ofendas y dudes cuánto de razón tengo. que me busques entre la mierda y lo que no digo, y te pierdas como yo lo hice y te encuentres en algún mes cualquiera. que me conozcas sin conocerte. que pases en silencio o te atrevas a opinar entre los tuyos o conmigo. 
que sientas la necesidad de leerme todos los días. 
y resolverte las dudas y ponerme en tu piel, 
que no es la mía. 
me gustan las indirectas y la gente que se da 
por aludida. 
y que me leas para correr la suerte de que por más que pasen los años, si lo sigues haciendo, jamás desapareceré.

4 de abril de 2015

el sonido muy fuerte.

el olor a castañas asadas por toda la ciudad
a final de otoño.
la pareja que se da la mano y se besa
en los semáforos en rojo.
la vida cuando mata 
sacando el revólver
y apuntándome directamente a las costillas.
noviembre que nunca fue nuestra guerra
ni fría ni caliente.
y luego la luna arañándome la cara
y arrancándonos su apellido
porque se moría.
las redes sociales que acortan distancias
y acercan historias de alcohol y llantos. 
el sonido muy fuerte, 
de dos bocas riéndose a la vez.
los encuentros a medias en un coche teledirigido 
los viernes a mi casa.
las películas de navidad que veía mientras tú dormías.
y luego los abrazos.
despedir el año y felicitarlo a mediados.
o casi.
la textura de la cerveza en la boca de la botella
y después en la tuya,
mi bar favorito.
la plaza de la Merced. 
la sorpresa de quien nunca ha visto la playa,
todas las noches en mi cara.
la guantera llena de galletas.
un maletero repleto de nieve y frío
que deja a su paso.
el sonido muy fuerte, 
de dos bocas riéndose a la vez.
la ropa mojada. 
los bizcochos en aeropuertos sin aviones
y más tarde en ciudades sin ti
y sin respuesta.
la postura que creí encontrarte en la cama. 
el cine y las cabras 
que nunca pierden el tren. 
el mar haciendo de las suyas 
en el puerto.
el compromiso anudado a tu garganta,
las ganas revolviéndose entre las sábanas
y luego la distancia.
todas las palabras que borraste.
el tiempo que pesa y no pasa.
la vida que rechazaste.
mi mano a menos dos grados 
y sin guantes
buscando por todas las calles rozarse con la tuya.
el muro de berlín que acabó cayendo 
a finales de la guerra.
los kilómetros.
las nubes grises que nos alejan.
las historias sacadas de contexto, 
o sin contexto. 
los que opinan sin opinión.
los pies que descalzos en la arena 
o con zapatillas en el asfalto 
tocan el agua 
y se enfrían. 
la descripción detallada 
de un pedazo de futuro. 
el norte que se vuelve salvavidas 
entre la decadencia del sur.
las lágrimas secándose en la manga de mi chaqueta
dentro de un avión.
las noticias cuando son portadas
nunca son buenas. 
el olor a salitre y crema 
que sin ser del todo nuestro, 
nos pertenece.
los abrazos guardados en las mochilas 
cuando atardece la vida. 
la luna reluciente en toda la playa.
los colores del cielo que nos acercan.
los miedos, 
las luchas justas 
y los perdedores injustos. 
la razón sin sentido de equilibrio. 
el aguante que apenas se mantiene 
en pie. 
tirar la fruta de temporada
que se ha puesto mala
cuando antes era devorada con las manos.
o directamente del árbol.
los asientos incómodos del cine viejo del Albéniz,
que por cierto
nunca he estado. 
y ahora mis manos a veintiocho grados 
y con guantes
perdiéndose entre los bolsillos. 

el sonido muy fuerte, 
en mi cabeza, 
de dos bocas riéndose a la vez.

16 de marzo de 2015

cuando el tiempo muera, ¿quién se encargará de curarlo todo?

12 de enero de 2015

la mierda, el polvo, la pena.

estas ojeras crónicas te han dejado tirada en la cuneta, a un kilo y medio de distancia de la siguiente estación de servicio. te están desafiando entre puños y uñas mientras se te desgarra la noche sobre el jersey rojo granate y tu sujetador. 
ahora vosotras habéis decidido dividiros y no paráis de decir cosas diferentes. no habéis intentado volver a ser lo que fuisteis, sois demasiado inteligentes como para seguir jugando a haceros el muerto. y ahora todos los que pasan a tu lado con tanta prisa arrojan al arcén bolsas cargadas de mierda, de polvo y de penas hasta arriba. 
si quieres un consejo, continúa disimulando que sabes hacia dónde te diriges, no dejes que perciban tu indecisión. camina recta, mira al cielo con la nuca, y ten la frente a la vista, por encima de los hombros. anda rápido, esquiva la basura, la mierda, el polvo y las penas, haz algo para que no se den cuenta que no sabes a dónde te diriges ni a quién esperas. no camines nerviosa, el paso firme y arraigado, tienes que hacerles ver que estás segura y decidida, y siempre mira al frente. desde dentro hacia fuera.

si (te) miras desde dentro hacia fuera 
y no al revés 
puedes evitar encontrarte a ti misma.
a mí me funciona.

8 de enero de 2015

¡vaya usted a encontrar algo!

siempre que voy a apagar la televisión cambio de canal muy seguidamente como si mi vida dependiese de ello -a esto aún no le he dado una explicación-. y a veces ocurre que busco desastres naturales, de los que surgían en la puerta de mi casa y se extinguieron con el buen tiempo. con el calor las verdades permanecen ahí, intactas, pero luego cuando viene el frío las hace trizas y las esparce por todo el suelo y claro ¡vaya usted a encontrar algo! antes al entrar había muchísima luz, no sé si era el sol o era más yo cuando sonreía, pero ahora se lo han llevado todo; las ganas, la esperanza, la mierda. ayer pensaba que la gente que no sale a la calle está haciendo perder el tiempo a los que la andan buscando ahí fuera. hoy, sin embargo, entiendo que ese tipo de gente pueda sentirse con la necesitad de darse un último arreglo antes de abrirse al vacío del mundo, esperando encontrárselo lleno. pero
no.
déjame decirte que el frío ha secado 
hasta las entrañas,
agrientado más de un esternón.

7 de enero de 2015

la calma de la palma de tu mano.

no he sido capaz de seguir escribiendo sobre ti desde que me di cuenta que era yo quien perdía si lo hacía. pero lo cierto es que perdí, y quizás siga perdiendo el tiempo entre rutina y nervios al pensarte lejos y alegre o cansada. pero siempre lejos. y ni siquiera tanto es suficiente para olvidarse una misma que existe la calma de la palma de tu mano justo en este instante -o en otro anterior- sobre otro invierno, que ya no es tuyo ni mío. ya no habrá más años iguales, ni besos que se parezcan a los que fuimos.
que me devuelvan mi verano, que yo este frío no lo quiero. ni este frío ni. 

24 de diciembre de 2014

paradoja de la fuerza irresistible.

lo que rápido llega, rápido se va. pero, y lo que nunca ha llegado, ni ocurrido, ni le ha dado tiempo a ir mal, ni bien, ni siquiera a ir, eso ¿alguien sabe si acaba yéndose? somos capaces de engancharnos a algo que no existe, porque así todo parece más perfecto. porque si no existe -en la vida real-, no se puede romper. y ahora estoy contando instantes que me faltan, que ahora no es algo que exista, porque al igual que el tiempo, se consume. ahora es ya. y este ya fue un ahora. ni siquiera es el próximo minuto. y solo a mí se me ocurre planear los instantes que no existen. tiempo de estudio. tiempo de hacerse una foto en el espejo o mandar notas de voz. tiempo de vértigo que se agarra a la garganta cuando pienso que ando de espaldas al futuro (que tampoco existe). hemos sido circunstancias ancladas en sus historias. y las circunstancias nos han hecho a nosotros. y nosotros nos hemos amoldado a ellas. el invierno reblandece el corazón y derriba sus paredes, y a mí me ha caído demasiado cemento en los ojos y polvo en la boca, y mírame, no puedo parar de escupir tonterías.
creo que sigo a tiempo de irme sin entender a Benedetti, sin bajarme del coche, sin viajar a la costa por la carretera del mar, sin desaprender nada de lo que había pensado aprender.

hemos sido la paradoja de la fuerza irresistible. 
y si yo no me movía y tú no tenías la fuerza suficiente pues.


y escribo porque si no escribiera, todo sería un poco más difícil.
aquí (no) hay mayor finalidad.

1 de diciembre de 2014

buen viaje compañero.

llevo fardando una semana con que a partir de este momento no voy a juzgar y parece que la vida me ha puesto en entredicho como le ha dado la gana. ya me dijo una amiga que el hecho de preguntar el porqué de las cosas indirectamente lleva connotaciones prejuiciosas y podemos sentenciar a las personas y sus actos sin dar tregua. pero es que hay ocasiones en los que es la propia vida la que no te da ni un descanso entre momentos e historias y claro, no te sale otra cosa que preguntarte por qué. y ahí es cuando una saca fuerzas exprimiéndose los huesos y las entrañas y resquebrajándose un poquito más el esternón. llevo meses pensando que el mundo se ha parado ahí fuera pero aquí la única que está paralizada soy yo. y mira, da igual lo que hagas y cómo lo hagas porque la vida siempre va a tener unos planes para ti, y si tienes la suerte de que tus planes y ella coinciden aprovéchalo. y si no, mejor no preguntes por qué. 
mejor que no.


buen viaje compañero, otra vez, buen viaje.

17 de octubre de 2014

demasiado lento.

te estoy besando mucho más lejos.
allí donde el otoño se fusiona con el frío y se vuelven
los minutos eternos
para todos los que jugasteis, 
y (me) perdisteis en otro tiempo.

todo a oscuras, 
un concierto delante de nuestros ojos
donde la razón y el corazón se van de festival
y nos dejan 
de vez en cuando 
tranquilas.
que nunca llegue la última canción
para que no se repita lo de la otra vez,
eso a lo que tú llamas 
la misma historia de siempre,
Porque detrás llega el abismo, 
y el abismo sordo
es herida en mis huesos.

entre tus manos y mi cicatriz, 
otro encuentro
para curarnos la puta manía de entregarnos 
la piel en el presente 
y dejar el corazón
en el pasado.

te estoy besando demasiado lejos
y quizás te esté olvidando
demasiado lento.

21 de septiembre de 2014

se nos van.


siempre me la encuentro saliendo a la misma hora. y apresurada, como si el tiempo se le fuese a agotar. se recorre toda la ciudad por la misma acera. siempre por la misma acera de la misma calle. todos los días. las manías se hacen con ella, y las obsesiones. se le distingue la silueta a lo lejos, los brazos moviéndose al viento inertes, clavados en su pecho. la cabeza alta, para que el aire le seque las lágrimas, hundiendo su mirada en el fondo del puerto. buscando alguna luz detrás de esos barcos que parten sin despedirse de nadie, como este verano. 

todos los días a la misma hora baja el primer escalón de su puerta y echa a correr y a llorar ''es septiembre, que se me clava en el esternón y me hace llorar''. pero el lloriqueo ese no es solo en la calle. también es en el paseo, en la playa y a la vuelta de su camino.
y justamente hoy la he vuelto a ver. pero esta vez no ha llorado cuando me he tropezado con ella, ni ha seguido su trayecto habitual. esta vez no ha buscado las luces bonitas de los atardeceres que le dejan sin palabras, ni voz.
se le ha ido la fe en las cosas con encanto, se le ha ido el sentimiento. tal vez cuando pasa el tiempo se nos van las cosas ancladas al cuerpo. las manías, los lloriqueos, los olores. y ahora tengo verdadero miedo. no sé qué se me irá a mí cuando acaben los domingos de nostalgia. no voy por la misma calle que ella pero sí que lloro con septiembre. puede que se me acabe el vicio de acordarme de ti con cada cerveza o con el frío que me dejaban los países del norte.
pero hasta que eso pase, intuyo que seguiré saliendo a correr, a llorar y a despedirme de todos los barcos que no se despidieron de mí.

y siempre por la misma calle, a la misma hora,
y con las mismas prisas.