me recuerdan a ti cuando voy a un bar
y me entregan una carta que me sobra
porque cuando una tiene claro lo que te quiere
no le hace falta seguir pidiendo nada.
también cuando el supermercado se vuelve laberinto y me pierdo
y después de preguntar a la dependienta
me lleva hasta el pasillo y te señala
no sin pasar antes por la zona de los quesos.
me lo recuerda mi hermana, en sus mejores días,
y la alegría de verme
en la terraza
escondida entre el humo del cigarro.
me lo recuerda el campo y los olivos,
el río cuando se baña la perra.
la chimenea al quemar el chorizo
que después te meterás en la boca
y el jamón que acompaña al pan
mientras hace tiempo tu estómago
a la paella de mi padre al sol
a las tres de la tarde de un invierno.
me recuerdan a ti cuando voy a la salita
y mi abuela metida en la mesa camilla
asomando sus ojos por un resquicio de la manta
me cuenta historias que nunca acaban.
me recuerdan a ti cuando mojo los pies en la playa
y la corriente que alcanza mis tobillos
me impulsa al calor de la arena
y a tirarme en plancha sobre tu toalla.
13 de marzo de 2018
5 de marzo de 2018
le diste en la cabeza, joder, y menuda puntería. un golpe seco y rotundo. cayó al suelo desplomada. se intuía la sangre de lejos, todo el torrente rojizo llenaba cada una de las bocacalles que encontraba a su paso.
y tú ahí, impasible, como si la vida no fuera contigo.
la lluvia también facilitó que la ciudad enfermara de burdeos. el cuerpo pesaba demasiado, era mucho más grande a lo largo y a lo ancho que tú. lo llevaste a rastras como pudiste hasta conseguir esconderlo detrás del callejón lindante con tu casa, próximo a la parada de taxi. tuviste suerte en que nadie lo encontrase después de la mella que hizo el paso del tiempo sobre él.
y tú ahí, impasible, como si la vida no fuera contigo.
la lluvia también facilitó que la ciudad enfermara de burdeos. el cuerpo pesaba demasiado, era mucho más grande a lo largo y a lo ancho que tú. lo llevaste a rastras como pudiste hasta conseguir esconderlo detrás del callejón lindante con tu casa, próximo a la parada de taxi. tuviste suerte en que nadie lo encontrase después de la mella que hizo el paso del tiempo sobre él.
la segunda ya te pilló con más soltura. fue con una piedra más grande que la anterior, más áspera y con vértices afilados como cuchillas. el caso es que la sorprendiste de espaldas, mientras salía del trabajo. tras el golpe, sólo faltaba esperar a que dejase de musitar con un hilo de voz casi imperceptible palabras de perdón. así que esta vez necesitaste terminar la faena con otro golpe más rudo, más sordo, mucho más entero.
pero tú ahí, impasible, como si la vida no fuera contigo.
ya cometido el delito, cargar con el muerto era otra historia.
pero tú ahí, impasible, como si la vida no fuera contigo.
ya cometido el delito, cargar con el muerto era otra historia.
y hoy vuelves a empezar el día con la costumbre con la que llevas empleada un tiempo atrás. mírate, aparentas otra persona, opuesta y contraria. no sé qué has hecho contigo.
parece que te hubieran cambiado el alma de sitio o te la hubiesen arrancado de cuajo y tirado a las alcantarillas que arrastran el agua y la mierda que confluyen en el mar muerto.
parece como si sólo te movieras inerte, sin rumbo, para calmar tu rabia.
mírate bien, de arriba a abajo y de dentro hacia fuera.
tus piernas, tu pecho, tus ojos.
parece como si sólo te movieras inerte, sin rumbo, para calmar tu rabia.
mírate bien, de arriba a abajo y de dentro hacia fuera.
tus piernas, tu pecho, tus ojos.
ahí te ves, con los bolsillos llenos de pecados
y las manos desbordadas de piedras
buscando matar a alguien entre todos
para acabar
muriéndote tú
y las manos desbordadas de piedras
buscando matar a alguien entre todos
para acabar
muriéndote tú
sola.
26 de febrero de 2018
¿alguien ha escrito alguna vez algo para ti?
en tus horas más tristes, más bajas,
¿alguna vez me has oído hablarte?
escúchame ahora
sabes que preferiría estar sola
a estar sin ti.
¿no lo sabías?
¿alguien ha dado cualquier cosa por ti?
en tus peores horas, las más bajas,
¿se lo has devuelto alguna vez?
pues yo sí.
te he dado todo esto
y aunque sea lo único que haga
quiero que me recuerdes.
en tus horas más tristes, más bajas,
¿alguna vez me has oído hablarte?
escúchame ahora
sabes que preferiría estar sola
a estar sin ti.
¿no lo sabías?
¿alguien ha dado cualquier cosa por ti?
en tus peores horas, las más bajas,
¿se lo has devuelto alguna vez?
pues yo sí.
te he dado todo esto
y aunque sea lo único que haga
quiero que me recuerdes.
19 de febrero de 2018
duele el amor cuando no se hace.
vivimos para doler. todos los días desde el momento en que nacemos están puestos ahí, a conciencia, para doler. duelen personas, duelen olores, duelen ideas, duele el tiempo cuando pasa y cuando no. estamos condenados al sufrimiento, y ni siquiera nadie nos ha dado la opción de elegir. nadie hace ventisiete años se acercó a la barriga de nadie a susurrarle un poco de qué iba la historia esta.
todos los días de la vida están hechos para doler y únicamente uno de ellos se salva,
el último.
duele el tortazo que te da la matrona después de que tu madre haya hecho de tripas corazón. duele la marca de sus ganas. todos esos putos dedos señalados en la piel,
para luego empezar a respirar.
pero joder, de qué me voy a quejar. quién se acuerda de esa primera torta a mano abierta. ese día fue el inicio del calvario. habiendo abierto la veda de esa manera no podría esperar cosa distinta.
para luego empezar a respirar.
pero joder, de qué me voy a quejar. quién se acuerda de esa primera torta a mano abierta. ese día fue el inicio del calvario. habiendo abierto la veda de esa manera no podría esperar cosa distinta.
a esta primera guantá le han seguido al menos un centenar más, y todo para luego
respirar,
si es que menuda gilipollez sin sentido.
vivir es algo parecido a cuando aquella vez mi madre me dio una bofetada por romper su colonia favorita mientras saltaba con ella encima de la cama. juro que nadie, a día de hoy, sabe lo mal que llegué a sentirme. absolutamente nadie, ni siquiera mi madre. fue imposible arreglar todo aquello; la habitación al completo olía a culpa y remordimiento. estaba empapada la alfombra, el espejo me miraba con crueldad señalándome con el dedo y riéndose el muy hijo de puta, la losa descascarillada donde tropezó con malicia el bote no paraba de quejarse mientras se estremecía, había millones de cristales diminutos repartidos por todo el dormitorio, incluyendo mis dedos. y ese asqueroso olor a culpa corría chocando con las ventanas y se me metía en las sienes pudriéndome por dentro.
me sentía de puta pena pero cómo coño iba a arreglar aquello.
sólo me quedaba impregnar la vergüenza en la fregona, retorcerla con vehemencia, y pasarla por cada baldosa que hubiera quedado manchada de culpa. en ese momento escuché cerrarse la puerta de la entrada. mis oídos comenzaron a emitir un pitido que hacía nudo a mi garganta, comprimiéndome así el ansia por reparar lo estropeado. recogí todos los restos de mi delito con la cabeza baja y percibiendo lo inminente. cristal a cristal me fui abriendo la piel. la fragilidad me perforaba las palmas,
el costado,
las zarpas.
me rasgué las pestañas con la torpeza de la prisa. me fui doliendo cada vez más, poquito a poco, más. pero me lo tenía merecido,
por eso quizás dolía menos.
en ese momento no me preocupaba que me agrietara el pellejo porque sabía que esas heridas eran las únicas que podrían cicatrizar.
me sentía de puta pena pero cómo coño iba a arreglar aquello.
sólo me quedaba impregnar la vergüenza en la fregona, retorcerla con vehemencia, y pasarla por cada baldosa que hubiera quedado manchada de culpa. en ese momento escuché cerrarse la puerta de la entrada. mis oídos comenzaron a emitir un pitido que hacía nudo a mi garganta, comprimiéndome así el ansia por reparar lo estropeado. recogí todos los restos de mi delito con la cabeza baja y percibiendo lo inminente. cristal a cristal me fui abriendo la piel. la fragilidad me perforaba las palmas,
el costado,
las zarpas.
me rasgué las pestañas con la torpeza de la prisa. me fui doliendo cada vez más, poquito a poco, más. pero me lo tenía merecido,
por eso quizás dolía menos.
en ese momento no me preocupaba que me agrietara el pellejo porque sabía que esas heridas eran las únicas que podrían cicatrizar.
el dolor de la mejilla que vino después era diferente.
de aquella segunda guantá de mi vida no hubo rastro físico. lo que sí hubo fue una sensación hormigueante, como si me hincaran con inquina un puñado de agujas entre las encías.
hoy día no queda ningún rastro en la piel de aquel segundo prefacio, sólo el poso de la culpa manchando las palabras que aún se esconden entre piedras por miedo a que alguien,
libre de pecados,
se atreva a acercarse.
hoy día no queda ningún rastro en la piel de aquel segundo prefacio, sólo el poso de la culpa manchando las palabras que aún se esconden entre piedras por miedo a que alguien,
libre de pecados,
se atreva a acercarse.
1 de marzo de 2017
día 5. la pérdida más que perdida.
la pérdida, cuando no viene ligada a la muerte y no
tiene un carácter particular en razón de su radicalidad o irreversibilidad, sino que implica una separación
no mortal dejando abierta la esperanza al reencuentro.
la pérdida oculta en otras pérdidas ajenas a la mía, de diferente procedencia y vete tú a saber si físicas o idealizadas.
pues esa,
mi vida diaria.
la dificultad que me ciega y que me rompe para acatar la
realidad,
lo que supone unir pieza por pieza con gran gasto de tiempo y de energía,
mientras la pérdida (más que perdida ya) continua en mi cabeza.
los consejos,
las terapias y los tratamientos que ni yo me creo, y que asumo con tal grado de
responsabilidad que pareciera engañarme a mí misma en virtud de la persona que tengo
enfrente.
la pérdida
de ocho a dos y media, para ser más exactos.
de ocho a dos y media, para ser más exactos.
perderte
las dieciocho horas del día
y sobre todo las seis horas de la noche,
para ser más exacta.
26 de febrero de 2017
the end has no end has no the end has no.
día 2.
si hablamos de una persona que realmente está deprimida, una depresión de estas en las que se está hecha una puta mierda y que se encuentra totalmente hundida, esta persona se queja de ella misma, de su daño y de su pecado, no del daño de los demás. al revés, cree que es ella quien los está y los ha dañado. no se queja de ellos sino que se acompaña ella misma de un dolor moral propio insalvable.
si hablamos de una persona que realmente está deprimida, una depresión de estas en las que se está hecha una puta mierda y que se encuentra totalmente hundida, esta persona se queja de ella misma, de su daño y de su pecado, no del daño de los demás. al revés, cree que es ella quien los está y los ha dañado. no se queja de ellos sino que se acompaña ella misma de un dolor moral propio insalvable.
además se siente desinteresada, no tiene capacidad para volver a querer, para desear. se encuentra cansada, pesimista y no ve horizonte alguno. no puede y además es incapaz de desear más, lo ve todo negro, no vislumbra nada en el futuro porque para ella no hay nada. está inhibida, no tiene acción, no tiene el empuje del deseo para salir de la cama. no
sale de casa, no sale a pasear, no sale a distraerse con los amigos. se queda parada en el sofá perdiendo la vista en la pared, y del sofá no se
mueve, existiendo en ella una inhibición y con ello, una angustia.
porque siempre que hay
angustia hay tristeza, es decir, miedo a la tristeza. siempre van acompañados.
cabe destacar que en la persona que está deprimida, y como hemos dicho, hecha una puta mierda, existen autorreproches, agresividad e incluso autodestrucción. todo deprimido es una persona que pone su energía en contra de sí misma.
dentro de esta tristeza sería conveniente hablar de la soledad como factor importante en ella. es decir, la tristeza
te aísla, te aleja de la otra persona y te empobrece. mira, esto pasa con Saturno, el dios de la melancolía, que se llega a ir tan lejos donde allí ya no hay nadie. entonces todo está oscuro, todo está frío, no tiene compañía,
no tiene personas alrededor.
la tristeza te arrasa y te va asolando, te aparta del amor que te
entristece.
es decir, la tristeza y la soledad se acompañan de manera muy conflictiva o con cierta armonía.
por ejemplo, yo tengo un duelo con una persona a la que he querido mucho y de repente me deja y me pierde todo el
cariño que antes me tenía. la tristeza de ese duelo es una tristeza completamente agónica y a la vez una situación melancólica donde ya no está esa persona a la que estoy queriendo pero
en cierto modo, con mi tristeza, la sigo manteniendo en mi cabeza. es decir, todavía no me he separado de ella interiormente y esa
manera de tenerla presente no es a base de dedicar risas y alegría sino que
siempre es otro sentimiento triste. digamos que mientras estoy triste estoy
queriéndote todavía o todavía me creo que me estás queriendo.
en este caso, la tristeza no decimos que sea una tristeza patológica. en este caso se trata de un duelo donde hay una tristeza con una soledad, pero esa
soledad es una soledad armónica, es proporcional al daño sufrido y el daño realizado, sobre todo.
mira, fíjate que todas las personas, y lo podemos ver continuamente y
de forma particular en nuestra vida, como las distintas personas de nuestro entorno familiar o social reaccionan de manera diferente a cuando alguien fallece o
ante una pérdida, un duelo. unos prefieren no ir al cementerio ni tener una
foto del fallecido, ni siquiera que les hablen del muerto, porque esto les parece la mejor opción para salir del trance. y, en cambio, hay otros que no pueden dejar de ir
al cementerio y que si no ponen cuadros del fallecido se sienten más deprimidos y que si en
un momento determinado de pronto parece que se están distrayendo con una serie
televisiva y no están pensando en el muerto se sienten culpables, porque no le
quieren olvidar. mucha gente dice eso de ’es que no quiero olvidar’ a la vez que están notando
que se les está perdiendo esa persona de la cabeza, que se les está yendo lejos, y se sienten muy mal por ello. y otros, sin embargo, se quejan de lo contrario ’prefiero
olvidar y en cambio, me viene todo el rato al recuerdo’. estas son las diferentes
reacciones tan opuestas de la propia tristeza.
la tristeza de ese duelo es una tristeza completamente agónica
y a la vez una situación melancólica donde ya no está
esa persona a la que estoy queriendo
pero en cierto modo,
con mi tristeza,
la sigo manteniendo en mi cabeza.
así que mientras esté triste seguiré queriéndote todavía
o todavía
me creo que me estás queriendo.
9 de febrero de 2017
la luz que entra, muy suave, por las grietas de la persiana que ayer no cerraste. el pan al mojarlo en aceite mientras desayunas en una terraza. envolverte en una manta, hasta el cuello y sin pijama, antes de irte a dormir. el paso del humo por los pulmones. el olor a sal si te da por patinar por el paseo marítimo. las señoras mayores cuando las dejas pasar y te lo agradecen con un prenda. las buenas noticias cuando no son noticias. las carreteras estrechas adornadas con casas de alquiler. los cinco euros del bolsillo que hacía meses no abrías. la excusa perfecta para volver a volver. el bolígrafo que vuelve a pintar cuando aprietas la punta sobre el folio. el sofá cuando te abraza y no te deja marcharte. el motivo para marcharte. los labios muy rojos. sonreír con tu canción favorita y darte cuenta que aún te sabes la letra. asomarte a la terraza y no salir, literalmente, volando con el viento. las cervezas con sus tapas caseras.
porque nunca seremos tan
jóvenes
como ahora.
19 de diciembre de 2016
al equiparar salud con felicidad implica que la infelicidad es enfermedad y que puede ser tratada médicamente. de ahí a abordar con fármacos problemas y malestares cotidianos sólo hay una mijilla. y la psiquiatría es la especialidad médica perfecta para medicalizar la vida.
mira, cuando los medios de comunicación, la sociedad, la economía, la cultura, las farmacéuticas, los avances en la neurociencia, la política, los anuncios publicitarios y hasta los propios médicos colonizamos como nos sale del coño el lenguaje de las personas, pasan cosas como que, a lo que antes era tristeza ahora lo llaman depresión, y de manera totalmente súper casual, esta palabra te va a llevar directamente a que tu médico de cabecera con una cifra de tres largos minutos para poder verte te derive a un psiquiatra (¡y oh! Qué mala pata, te he tocado yo) para que, con total probabilidad, te ponga dos pastillas -con suerte una-, porque es lo que esperas y te han vendido que lo necesitas para que así jamás estés mal, ni nunca te permitas llorar para no tener que afrontar ningún problema, de tal forma que cualquier malestar que pueda surgir en tu vida no afecte a tu estado de ánimo y puedas estar feliz para siempre. porque además, es lo que buscabas, ¿no?
qué pena me da pensar que hayamos perdido ya los recursos habituales de afrontamiento de las dificultades y malestares cotidianos y vemos enfermedad donde sólo hay vida. vida coño, no enfermedad. esos recursos tradicionales, como son la familia, pareja, amigos, incluso los servicios sociales, parecen haber desaparecido en favor de los profesionales y del sistema sanitario.
probablemente este no es un tema de ver quién es el responsable y quién la víctima, así por separado, sino más bien a la vez.
hemos vendido -los primeros los psiquiatras-, que la tristeza, la angustia, el sufrimiento, la soledad, el duelo por la muerte de un familiar, el llanto, las discusiones de pareja, tienen cura porque, para darle más bombo al asunto, al calificarlo de enfermedad no tienes ningún tipo de responsabilidad sobre ella, porque es algo "que te ha tocado a ti y se te ha impuesto" y por consiguiente, se resolverá solito sin que tengas que mover un solo dedo, porque eso es lo que buscabas, ¿no?
ahora bien, si en lugar de llamarlo depresión lo consideramos un estado de ánimo, como es la tristeza y que, como tal, es pasajero, lo mismo tendrás la suerte de no caer en nuestras redes y podrás vivir un poquito más afrontando esos problemas vitales con la entereza y madurez que se nos presume como adultos, haciéndote tú mismo el responsable principal de lo que a ti te ocurre y oye, llorando a moco tendío si tienes que llorar,
que no es malo.
creo que es hora de retomar esto,
pero antes necesitaba hablar sobre a lo que me estoy dedicando
en este último año y medio,
motivo por el cual trabajo más que escribo.
y trabajo más que vivo.
19 de julio de 2016
he pensado que algún día de estos, antes de que el invierno nos vuelva a alcanzar y se lleve consigo los colores, tendríamos que salir tú y yo. de cañas, no sé. podría estar bien. de tapas y de risas. tú y yo. riéndonos. ahogándonos. al día siguiente por ejemplo, podríamos besarnos. tú y yo, sí. muy juntas. hasta que se nos acabasen las manos. Agarrándonos los rotos de los vaqueros. con los labios pegados y bien unidas. mientras le dan por culo al tiempo.
así. tú y yo.
otra vez, solas. levantarnos con los pelos enredados y sin subir las persianas.
tú y yo
así
como siempre lo hemos hecho.
así. tú y yo.
otra vez, solas. levantarnos con los pelos enredados y sin subir las persianas.
tú y yo
así
como siempre lo hemos hecho.
15 de junio de 2016
mira, con total seguridad ya nos hemos cruzado más de una vez de frente por la plaza mitjana, y alguna que otra de espaldas, vete tú a saber si en el mismo bar que hace esquina. perdidas en la rutina, un paseo por el parque de perros, una frase en un azucarillo, qué sabre yo. lo mismo hasta nos hemos pisado en una parada de metro de madrid en hora punta y ya nos hemos pedido perdón por ello. quizás hayamos estado en el mismo concierto, en la misma cola del supermercado, o hecho las mismas bromas con las misma gente pero en días diferentes.
la semana pasada me vi saltando desde los rascacielos más altos de gotham city, y por un momento quise llamarte para recordarte que yo era batman y que podía salvarte, que daba igual lo que pasara ahí fuera. y es que nena, pienso fundir todos los glaciares de tus venas y convertirlos en la tinta del salitre que queda por calarme todas las esquinas de mis huesos.
30 de marzo de 2016
pollas en ollas.
la mina que se rompe cuando aprietas demasiado al escribir. los lunares que crecen sobre pieles que mudan de pieles antes de que el verano las alquile. el dedo del pie que te doblas al chocar con el armario del pasillo cuando vas a oscuras por la casa de tus primos. el frío que se resbala por los huecos de los dientes y te agrieta los besos. las mariposas en la barriga del yogur caducado que quedaba en la nevera. las pollas en ollas. la cicatriz del golpe antes de dártelo. los dedos sobre las puntas de mi pelo,
el prefacio
del fin que no duele.
y el volver.
porque siempre estamos a tiempo de volver.
21 de enero de 2016
no me veo conduciendo muchas horas pero sí yéndome muy lejos, donde nadie me conozca y tenga que inventarme un nuevo idioma y cambiarme el color de pelo. pienso adivinar todas las canciones que suenen en la radio y ponerle nombres falsos a los camareros que me atiendan en sus plazas.
ya no sé quién de las dos es la que se marcha.
14 de diciembre de 2015
me he perdido en callejones oscuros con salidas que no estaban señalizadas con la luz roja de emergencia. me he abierto la cabeza con los cristales que los amantes tiraban de botellas de vino suicidas por la ventana. he llorado tanto que he acabado diluyéndome en la taza del café de un desayuno cualquiera. me he dado más de una ostia contra el mundo, de frente y sin manos. y ahora parece que para hacer justicia han brotado todas las noches calurosas que me debían retrasadas del verano, los días locos que me vuelven a hacer perder la cabeza, la vulnerabilidad que sustenta las cursilerías, la risa que parte en dos las dudas y algún que otro plato, las noches con la brasa de un cigarro a medio encender y sin mechero. los momentos propiciados que interrumpen a los propicios, las prisas porque se acaban las (p)risas, las luces de la ciudad en un mirador con montañas que nos encierran y nos juntan-un-poco-más-juntas. los caminos que conducen a roma y se entretienen por el camino en el mapa italiano. un abrazo sin nudos
y un beso con marca.
12 de noviembre de 2015
los que juegan a dormir juntos y se regalan sonrisas por la mañana, recién levantados, estrenando la vida a pesar de tener esquinas rotas por dentro de las tripas. las ganas, los pájaros y algún que otro sueño cuando se escapan y nadie va detrás para atraparlos. los que os besáis con los ojos cerrados habiendo disfrutado la luz antes. ahora todas esas afirmaciones se vuelven preguntas en mi cabeza y yo me quedo sin respuestas. con el cielo lleno de hojas de árboles que precipitan alrededor de mis piernas en un lugar donde no existe punto medio entre el verano y el otoño.
28 de octubre de 2015
25 de octubre de 2015
chaleco antibalas.
contra los días feos que llueven sin paraguas en mano. la coliflor guardada en la nevera una semana. los desayunos que no dan tiempo a digerir. la gente cuando no puede decirnos que fuimos unas putas cobardes. las entrevistas a pacientes con enfermedades inventadas. contra las canciones de Izal que saben cómo joderme bien. los fuegos artificiales que se oyen desde la terraza pero flotan escondidos tras los edificios. los silencios incómodos en los ascensores con vecinos que siguen sin nombre porque aún no he querido inventármelos. contra los días de no saber qué hacer y no hago nada. el duelo por el futuro que sigue sin llegar. contra las palabras que nos cortan y contra las que nos hacen sangrar piel abajo. las relaciones inciertas. la tecnología de mierda. las redes asociales. los telediarios que no saben decir lo que quieren. contra la mentira que no existe si no hay verdades. los miedos míos y los tuyos cuando los hubieron.
ahora me cubro el cuerpo con las sábanas y la manta, hasta los ojos y orejas. me escondo debajo como si fuesen mi chaleco antibalas y pudieran luchar contra todo lo de fuera.
y yo me quedo aquí
aunque no alcance a decirte nada.
6 de octubre de 2015
balcones.
construyo un personaje para mí
que se asoma a la terraza
a la altura de la barandilla más baja.
no tiene vértigo.
el frío que seca el sudor
y luego los columpios
que alguien puso demasiado altos.
un banco lleno de niños con mochilas
y manos con móviles.
se pasean por los parques
esquivando hojas del otoño
y haciendo fotos para las redes sociales.
no tienen vértigo.
los ojos encharcados de olores
las rodillas llenas de arena.
y luego me alejo de la plaza y de las terrazas
con balcones
llenas de palomas.
el aire hierve a veinte grados
y en la distancia que separa el cielo
del suelo
tampoco existe el vértigo.
4 de septiembre de 2015
septiembre.
que sí, que ya estás cansada de tanta mierda. que si la echas de menos reserva un billete de vuelo y coge un puto avión con ella. corre detrás de la línea dos de autobús y cómete cuatro, tres o cinco horas con tal de verla. atraviesa el mapa entero y empápate de lluvia o de granizo. quítale el coche a tu madre y cambia de país, de ciudad o de barrio y preséntate en la puerta de su casa a las ocho de la mañana, hasta que se despierte cabreadísima por las horas pero feliz de veros de nuevo. cuélate en un tren sin pagar y mata dos horas. ve andando si vivís a un paso, o corre si intuyes que llegas demasiado tarde. que si la echas de menos tanto como dices encontrarás una manera de llegar a ella. incluso si eso te deja sin pasta durante tres meses o hecha una mierda durante una semana. si tanto te importa, alguna manera tendrá que haber.
septiembre sigue siendo septiembre.
28 de junio de 2015
a cuarenta grados.
yo no sé si dormir con camisetas enormes
de mangas largas
y sudaderas encima de ellas
que esconden más de una vigilia
en un verano a cuarenta grados por la noche
en una terraza tirada al vacío
implique el fin de una vida
o el inicio de un duelo.
y mira,
prefiero no saberlo.
21 de junio de 2015
en carne viva.
al final te quedas en Málaga. y yo arrastro los pies hasta Almería, para subir a un séptimo con terraza. lo que me espera se esconde en días que se acumulan y me entorpecen el viaje de ida y vuelta a mi trabajo. las tormentas de -hoy que ya es- verano rajándome la garganta en plena tormenta y la mirada huidiza que me guardo cada hora y me muerdo por no rabiar. mi esternón resquebrajado en cien mil fragmentos que antes protegía un corazón que vacío había sido llenado. y ahora en otra ciudad donde no hablan como nosotras, y prisas que se tropiezan por la calle con esta cara a las ocho de la mañana y a las siete de la tarde, y mareas de playas donde nunca nos hemos ahogado. que tu olor encuentre mi nariz buscándolo por toda mi cama al tiempo que esquivo los charcos y la rutina que me acompaña a donde quiera que vaya. que me duela es inevitable, pero es cierto que el sufrimiento es opcional, y no sabes cómo te echo de menos. el miedo de no saber si voy a encontrarte cuando vuelva la vista doscientos kilómetros atrás. que me ahoga la tristeza en el hueco entre la nariz y el ojo, donde el cielo y sus tormentas de verano están implícitas. que aparezco gris, que siempre duelo y a veces quemo. que te quedas en Málaga (que me dejas -en Almería-). arrastro mis rozaduras en carne viva chocándose con todas las esquinas, y las ojeras por la estación de autobuses y el aeropuerto, me recorro las autovías y carreteras, pero ya no estás en el cielo gris ni en el aire, ni me ha dado tiempo a guardar tu sabor bajo la lengua. Solo escondo tres palabras, que no sabré si podrán llegar hasta ti pero amor, gracias, tú.
te quedas en Málaga, y me dejas -aquí-.
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