26 de febrero de 2018

¿alguien ha escrito alguna vez algo para ti?
en tus horas más tristes, más bajas,
¿alguna vez me has oído hablarte?
escúchame ahora
sabes que preferiría estar sola
a estar sin ti.
¿no lo sabías?
¿alguien ha dado cualquier cosa por ti?
en tus peores horas, las más bajas,
¿se lo has devuelto alguna vez?
pues yo sí.
te he dado todo esto
y aunque sea lo único que haga
quiero que me recuerdes.

19 de febrero de 2018

duele el amor cuando no se hace.

vivimos para doler. todos los días desde el momento en que nacemos están puestos ahí, a conciencia, para doler. duelen personas, duelen olores, duelen ideas, duele el tiempo cuando pasa y cuando no. estamos condenados al sufrimiento, y ni siquiera nadie nos ha dado la opción de elegir. nadie hace ventisiete años se acercó a la barriga de nadie a susurrarle un poco de qué iba la historia esta. 
todos los días de la vida están hechos para doler y únicamente uno de ellos se salva, 
el último. 
duele el tortazo que te da la matrona después de que tu madre haya hecho de tripas corazón. duele la marca de sus ganas. todos esos putos dedos señalados en la piel,
para luego empezar a respirar.
pero joder, de qué me voy a quejar. quién se acuerda de esa primera torta a mano abierta. ese día fue el inicio del calvario. habiendo abierto la veda de esa manera no podría esperar cosa distinta.
a esta primera guantá le han seguido al menos un centenar más, y todo para luego 
respirar, 
si es que menuda gilipollez sin sentido. 

vivir es algo parecido a cuando aquella vez mi madre me dio una bofetada por romper su colonia favorita mientras saltaba con ella encima de la cama. juro que nadie, a día de hoy, sabe lo mal que llegué a sentirme. absolutamente nadie, ni siquiera mi madre. fue imposible arreglar todo aquello; la habitación al completo olía a culpa y remordimiento. estaba empapada la alfombra, el espejo me miraba con crueldad señalándome con el dedo y riéndose el muy hijo de puta, la losa descascarillada donde tropezó con malicia el bote no paraba de quejarse mientras se estremecía, había millones de cristales diminutos repartidos por todo el dormitorio, incluyendo mis dedos. y ese asqueroso olor a culpa corría chocando con las ventanas y se me metía en las sienes pudriéndome por dentro.
me sentía de puta pena pero cómo coño iba a arreglar aquello.
sólo me quedaba impregnar la vergüenza en la fregona, retorcerla con vehemencia, y pasarla por cada baldosa que hubiera quedado manchada de culpa. en ese momento escuché cerrarse la puerta de la entrada. mis oídos comenzaron a emitir un pitido que hacía nudo a mi garganta, comprimiéndome así el ansia por reparar lo estropeado. recogí todos los restos de mi delito con la cabeza baja y percibiendo lo inminente. cristal a cristal me fui abriendo la piel. la fragilidad me perforaba las palmas,
el costado,
las zarpas.
me rasgué las pestañas con la torpeza de la prisa. me fui doliendo cada vez más, poquito a poco, más. pero me lo tenía merecido,
por eso quizás dolía menos.
en ese momento no me preocupaba que me agrietara el pellejo porque sabía que esas heridas eran las únicas que podrían cicatrizar. 
el dolor de la mejilla que vino después era diferente. 
de aquella segunda guantá de mi vida no hubo rastro físico. lo que sí hubo fue una sensación hormigueante, como si me hincaran con inquina un puñado de agujas entre las encías.
hoy día no queda ningún rastro en la piel de aquel segundo prefacio, sólo el poso de la culpa manchando las palabras que aún se esconden entre piedras por miedo a que alguien,
libre de pecados,
se atreva a acercarse.

1 de marzo de 2017

día 5. la pérdida más que perdida.

la pérdida, cuando no viene ligada a la muerte y no tiene un carácter particular en razón de su radicalidad o irreversibilidad, sino que implica una separación no mortal dejando abierta la esperanza al reencuentro.
la pérdida oculta en otras pérdidas ajenas a la mía, de diferente procedencia y vete tú a saber si físicas o idealizadas.
pues esa,
mi vida diaria.

la dificultad que me ciega y que me rompe para acatar la realidad, 
lo que supone unir pieza por pieza con gran gasto de tiempo y de energía, mientras la pérdida (más que perdida ya) continua en mi cabeza. 
los consejos, las terapias y los tratamientos que ni yo me creo, y que asumo con tal grado de responsabilidad que pareciera engañarme a mí misma en virtud de la persona que tengo enfrente.
la pérdida
de ocho a dos y media, para ser más exactos.

perderte
las dieciocho horas del día
y sobre todo las seis horas de la noche, 
para ser más exacta.

26 de febrero de 2017

the end has no end has no the end has no.

día 2.
si hablamos de una persona que realmente está deprimida, una depresión de estas en las que se está hecha una puta mierda y que se encuentra totalmente hundida, esta persona se queja de ella misma, de su daño y de su pecado, no del daño de los demás. al revés, cree que es ella quien los está y los ha dañado. no se queja de ellos sino que se acompaña ella misma de un dolor moral propio insalvable.

además se siente desinteresada, no tiene capacidad para volver a querer, para desear. se encuentra cansada, pesimista y no ve horizonte alguno. no puede y además es incapaz de desear más, lo ve todo negro, no vislumbra nada en el futuro porque para ella no hay nada. está inhibida, no tiene acción, no tiene el empuje del deseo para salir de la cama. no sale de casa, no sale a pasear, no sale a distraerse con los amigos. se queda parada en el sofá perdiendo la vista en la pared, y del sofá no se mueve, existiendo en ella una inhibición y con ello, una angustia. 
porque siempre que hay angustia hay tristeza, es decir, miedo a la tristeza. siempre van acompañados.

cabe destacar que en la persona que está deprimida, y como hemos dicho, hecha una puta mierda, existen autorreproches, agresividad e incluso autodestrucción. todo deprimido es una persona que pone su energía en contra de sí misma. 

dentro de esta tristeza sería conveniente hablar de la soledad como factor importante en ella. es decir, la tristeza te aísla, te aleja de la otra persona y te empobrece. mira, esto pasa con Saturno, el dios de la melancolía, que se llega a ir tan lejos donde allí ya no hay nadie. entonces todo está oscuro, todo está frío, no tiene compañía, no tiene personas alrededor. 
la tristeza te arrasa y te va asolando, te aparta del amor que te entristece.
es decir, la tristeza y la soledad se acompañan de manera muy conflictiva o con cierta armonía. 

por ejemplo, yo tengo un duelo con una persona a la que he querido mucho y de repente me deja y me pierde todo el cariño que antes me tenía. la tristeza de ese duelo es una tristeza completamente agónica y a la vez una situación melancólica donde ya no está esa persona a la que estoy queriendo pero en cierto modo, con mi tristeza, la sigo manteniendo en mi cabeza. es decir, todavía no me he separado de ella interiormente y esa manera de tenerla presente no es a base de dedicar risas y alegría sino que siempre es otro sentimiento triste. digamos que mientras estoy triste estoy queriéndote todavía o todavía me creo que me estás queriendo.
en este caso, la tristeza no decimos que sea una tristeza patológica. en este caso se trata de un duelo donde hay una tristeza con una soledad, pero esa soledad es una soledad armónica, es proporcional al daño sufrido y el daño realizado, sobre todo.

mira, fíjate que todas las personas, y lo podemos ver continuamente y de forma particular en nuestra vida, como las distintas personas de nuestro entorno familiar o social reaccionan de manera diferente a cuando alguien fallece o ante una pérdida, un duelo. unos prefieren no ir al cementerio ni tener una foto del fallecido, ni siquiera que les hablen del muerto, porque esto les parece la mejor opción para salir del trance. y, en cambio, hay otros que no pueden dejar de ir al cementerio y que si no ponen cuadros del fallecido se sienten más deprimidos y que si en un momento determinado de pronto parece que se están distrayendo con una serie televisiva y no están pensando en el muerto se sienten culpables, porque no le quieren olvidar. mucha gente dice eso de ’es que no quiero olvidar’ a la vez que están notando que se les está perdiendo esa persona de la cabeza, que se les está yendo lejos, y se sienten muy mal por ello. y otros, sin embargo, se quejan de lo contrario ’prefiero olvidar y en cambio, me viene todo el rato al recuerdo’. estas son las diferentes reacciones tan opuestas de la propia tristeza.

la tristeza de ese duelo es una tristeza completamente agónica 
y a la vez una situación melancólica donde ya no está 
esa persona a la que estoy queriendo 
pero en cierto modo, 
con mi tristeza, 
la sigo manteniendo en mi cabeza. 
así que mientras esté triste seguiré queriéndote todavía 
o todavía 
me creo que me estás queriendo.

9 de febrero de 2017

la luz que entra, muy suave, por las grietas de la persiana que ayer no cerraste. el pan al mojarlo en aceite mientras desayunas en una terraza. envolverte en una manta, hasta el cuello y sin pijama, antes de irte a dormir. el paso del humo por los pulmones. el olor a sal si te da por patinar por el paseo marítimo. las señoras mayores cuando las dejas pasar y te lo agradecen con un prenda. las buenas noticias cuando no son noticias. las carreteras estrechas adornadas con casas de alquiler. los cinco euros del bolsillo que hacía meses no abrías. la excusa perfecta para volver a volver. el bolígrafo que vuelve a pintar cuando aprietas la punta sobre el folio. el sofá cuando te abraza y no te deja marcharte. el motivo para marcharte. los labios muy rojos. sonreír con tu canción favorita y darte cuenta que aún te sabes la letra. asomarte a la terraza y no salir, literalmente, volando con el viento. las cervezas con sus tapas caseras. 

porque nunca seremos tan
jóvenes
como ahora.

19 de diciembre de 2016

al equiparar salud con felicidad implica que la infelicidad es enfermedad y que puede ser tratada médicamente. de ahí a abordar con fármacos problemas y malestares cotidianos sólo hay una mijilla. y la psiquiatría es la especialidad médica perfecta para medicalizar la vida.
mira, cuando los medios de comunicación, la sociedad, la economía, la cultura, las farmacéuticas, los avances en la neurociencia, la política, los anuncios publicitarios y hasta los propios médicos colonizamos como nos sale del coño el lenguaje de las personas, pasan cosas como que, a lo que antes era tristeza ahora lo llaman depresión, y de manera totalmente súper casual, esta palabra te va a llevar directamente a que tu médico de cabecera con una cifra de tres largos minutos para poder verte te derive a un psiquiatra (¡y oh! Qué mala pata, te he tocado yo) para que, con total probabilidad, te ponga dos pastillas -con suerte una-, porque es lo que esperas y te han vendido que lo necesitas para que así jamás estés mal, ni nunca te permitas llorar para no tener que afrontar ningún problema, de tal forma que cualquier malestar que pueda surgir en tu vida no afecte a tu estado de ánimo y puedas estar feliz para siempre. porque además, es lo que buscabas, ¿no? 
qué pena me da pensar que hayamos perdido ya los recursos habituales de afrontamiento de las dificultades y malestares cotidianos y vemos enfermedad donde sólo hay vida. vida coño, no enfermedad. esos recursos tradicionales, como son la familia, pareja, amigos, incluso los servicios sociales, parecen haber desaparecido en favor de los profesionales y del sistema sanitario.

probablemente este no es un tema de ver quién es el responsable y quién la víctima, así por separado, sino más bien a la vez. 
hemos vendido -los primeros los psiquiatras-, que la tristeza, la angustia, el sufrimiento, la soledad, el duelo por la muerte de un familiar, el llanto, las discusiones de pareja, tienen cura porque, para darle más bombo al asunto, al calificarlo de enfermedad no tienes ningún tipo de responsabilidad sobre ella, porque es algo "que te ha tocado a ti y se te ha impuesto" y por consiguiente, se resolverá solito sin que tengas que mover un solo dedo, porque eso es lo que buscabas, ¿no? 
ahora bien, si en lugar de llamarlo depresión lo consideramos un estado de ánimo, como es la tristeza y que, como tal, es pasajero, lo mismo tendrás la suerte de no caer en nuestras redes y podrás vivir un poquito más afrontando esos problemas vitales con la entereza y madurez que se nos presume como adultos, haciéndote tú mismo el responsable principal de lo que a ti te ocurre y oye, llorando a moco tendío si tienes que llorar, 
que no es malo.


creo que es hora de retomar esto, 
pero antes necesitaba hablar sobre a lo que me estoy dedicando 
en este último año y medio, 
motivo por el cual trabajo más que escribo.
y trabajo más que vivo. 

19 de julio de 2016

he pensado que algún día de estos, antes de que el invierno nos vuelva a alcanzar y se lleve consigo los colores, tendríamos que salir tú y yo. de cañas, no sé. podría estar bien. de tapas y de risas. tú y yo. riéndonos. ahogándonos. al día siguiente por ejemplo, podríamos besarnos. tú y yo, sí. muy juntas. hasta que se nos acabasen las manos. Agarrándonos los rotos de los vaqueros. con los labios pegados y bien unidas. mientras le dan por culo al tiempo.
así. tú y yo. 
otra vez, solas. levantarnos con los pelos enredados y sin subir las persianas.
tú y yo
así
como siempre lo hemos hecho.